domingo, 26 de septiembre de 2010

Lo racional nunca muere

Hombre descabellado,
¿cómo consigues siempre hacernos tanto daño?
Permaneces quieto pero activo, perspicaz y listo,
tu nos vigilas desde la más temprana mañana a la profunda madrugada...
y nos sentimos débiles ante tu poder, obedecemos porque no asumes un mínimo cambio,
nuestros deseos siempre serán sueños, perdidos, siempre perdidos.

A veces no conseguimos aceptarlo y lo llevamos cargado,
los silencios, los bloqueos, los parones quisieran ser borrados
la elección es imposible, pues lo estricto, lo racional nunca muere...
pero los sentimientos no serán capaces de huir...
¿qué tal si les echamos una mano y los mantenemos amigos?

viernes, 17 de septiembre de 2010

Progresión de la fobia

Se va acercando...
y el aire me insinua.
Kilómetros, tal vez miles, van reduciendo su número.
Otros tantos quedaron atrás.
El tiempo es listo y se para cada vez que contemplo la situación.
Hace frío, bastante para aún no haber entrado el invierno...quizá en ese momento me di cuenta que estaba empapada de la lluvia que me había caido encima. Estoy completamente sola. Es tan grande la ausencia de vida y de objetos que comienzo a tener agorafobia. Dudo huir, vaya a donde vaya, será lo mismo. Entonces me agacho. Siento mis rodillas sobre mi pecho, necesito protegerlo...pero de pronto... la fobia se cierne sobre mí misma.
Pierdo la capacidad de controlar mi mente, que posiblemente estaba volviendose loca. Creo no tener las fuerzas suficientes para resistirme al destino, un destino horrible, doloroso. La idea me preocupa. Tanto que empiezo a estar ciega. Dejo de percibir el espacio en el que me encuentro para observar la angustia que causa mi temor. El frío parece haberse apoderado de mi y comienzo a temblar, lo curioso es que lo que menos me importa es pasar frío, sino la reacción de mi cuerpo como síntoma de caer en un estado enfermizo inevitable. La presión me va aplastando cada vez más en el suelo, si hiciese el esfuerzo de levantarme, caería. Insisto en forzar la respiración, necesito sentir que el aire aún corre por mi interior.
Ahora es mucho peor, si me muevo, el nervio me deja inmóvil... pero aún así, si no me muevo, yo soy la que me obligo a estar inmóvil. Es demasiado tarde, ¡no habrá manera salir de aquí! Un gemido casi insonoro escapa de mi garganta. ¿De que me sirve? No existe manera de expresar mi terror. Por más que busque una manera de desahogarme, la impotencia será mayor... El fin está muy cerca, casi me está alcanzando, ¡me está consiguiendo!


No voy a continuar.

Un día decidiremos dejar de hacernos daño. Aunque cueste creerlo, somos los únicos que controlamos nuestras sensaciones... quizá sea demasiada responsabilidad. Habrá que recurrir a la ayuda externa... Sí, también nos costará admitir que necesitamos ayuda. Y además todos por igual, ni unos más ni otros menos.