única como todas, por supuesto,
pero como algunas menos, especial.
Me parecía agradable el sonido del despertador,
porque sabiendo que no lo debía apagar yo, quedaba tranquila en la cama, escuchándolo a lo lejos,
mientras las sábanas suaves, suaves como tus manos, acariciaban toda mi piel.
El clima de esta mañana había cambiado, olía a sal, sentía tranquilidad y paz. Y a comienzos de primavera, como nos encontramos ahora mismo, parecía que el calor debíamos evitar y buscábamos la brisa fresca de una mañana de verano. Pues era muy temprano, el sol apenas había dado señales de vida y los tonos fríos entraban en forma de luz por todo el cuarto. Las ventanas estaban abiertas, aquella luz silenciosa no había pedido permiso para entrar.
Aún quedaba tiempo para pensar, o bien, para despertar del sueño de otro fin de semana cualquiera. Aún tus largos brazos me alcanzaban y sujetaban todas las preocupaciones que pronto vendrían a despertarme.
Mientras tanto seguías ahí. Mientras tanto existiría todo el tiempo del mundo y más...hasta que marcharas. A veces desapareces, pero sé cuando decides volver, y cuando te vas de verdad.
Atentamente oigo el ruido de algún plato en la cocina, tus pasos acercarse, el chirrido de la puerta.
Siempre supe que los sueños era reales y aquella vez con más evidencia.
Vuelves de nuevo, no decías nada, o al menos yo no lo recuerdo. Me apetecía que tus ojos se posaran en mí, lo deseaba como si nunca lo hubieses hecho, o tal vez como si estuviera prohibido. Para ponerlo fácil asomé tímidamente mis piernas sobre las sábanas, dejando que el instante quedara congelado hasta que comencé a tener frío.
Tomamos, delicados, nuestro desayuno en la cama.
Mientras caía por mi garganta la salvia, me daba cuenta que estaba endulzada, pero no sólo eso, yo me había convertido en un dulce aroma ... Me sentaba bien, no sé a tí, eso de dormir poco, sólo por y para aprovechar al máximo nuestra presencia y la resaca de amor de todos estos días... que espero que mucho dure, aunque no me permita nada más que permanecer en ese estado...
Fue delicioso verte aquí y que me soltaras cualquier mirada o sonrisa, que me volvieras a acostar para creer que el haberte quedado una noche más había sido un sueño conseguido, real. Tal vez para cuidar los pocos segundos que quedaron en la cuenta atrás... cuidar la armonía que habíamos creado que aumentaba y era una pena estropear... cuidar de mis pensamientos que en mi asombro pronto soñaron con un terrible deseo por sentirse bien... Justo cuando, como si de repente desaparecieras por la ventana y dejaras un rastro tras de tí...
te esperaría junto a esa ventana hasta verte regresar...
Imaginé los movimientos de tus piernas caminando por la calle junto a tu maleta de viaje, aquella que siempre llevas contigo cuando te veo después de algunas tormentas. Siempre el equipaje acuestas, como si te gustara viajar.
De verdad que ahora veo las cosas desde otro punto de vista, no soy otra, sólo nos vamos conociendo.
El misterio permanece,
yo...no sé cuánto caminaré contigo
sin embargo... me olvidé del tiempo en el que tú no estabas.
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