Aquí permanezco inmóvil...sentada frente a la luz que maneja nuestras vidas.
Tristes mis ojos no pueden fingir,
y mi pelo alborotado tras un largo sueño molesta.
No se cuando llegará la hora de conocer la verdad, pero yo no puedo depender de un alma inconformista, que cada día que pasa prefiere otras cosas y se aleja de mi presente.
¿Por qué decidí dejarme llevar por los caminos del viento? ¿Por qué ahora el agua me abandona en los subterráneos de un mar abierto sin marea, sin corriente?
El mayor de nuestros problemas es que queremos entenderlo todo...y no nos entendemos ni a nosotros mismos.
Quizá ni lleve razón... pues sólo son simples ideas perdidas...
¡Dónde vamos a parar si nuestras locas cabezas retumban a expensas del cuerpo!
Durante el viaje los descansos se hacen eternos pues sólo quiero seguir adelante en contra de las fuerzas.
Y a veces me doy cuenta que esas fuerzas desvanecen, cada vez que al levantarme, dejo atrapado en las sábanas un sueño.
Los sueños son ligeros como el aire que respiramos que, aunque por muy fuerte que lo sintamos, no nos pertenece. Nada nos pertenece. Nada seremos si ni siquiera queremos ser lo que somos. ¿Y si no somos nada ni nadie? No podemos cambiar el trayecto. No podemos romper los espejos. La libertad es inconexa y versátil, ni yo misma me dejaría no ser inocente.
No sé lo que quiero, quizá nunca lo sepa...al menos se lo que no quiero pues me libro de caer en las mismas piedras. Aunque otras las llevo en mi equipaje y siempre me recuerdan una deprimente actitud de la que, al parecer, no abandono. Es cuando la soledad llama a mi puerta, sólo insiste unos segundos y la dejo pasar.
Lo siento, aquí no cabe nadie más...
[Ni yo misma.]
No es que no me guste estar sola, pero el tiempo se va y la culpa aumenta...
Lo que no me gusta es estar sola y perdida en el viaje introspectivo que camina con contundencia hacia la futura ancianidad.
(...descubrí que el lobo quería comerme. Fue muy triste permitírselo...)