Tal vez no sea nada tremendamente nuevo, mucho menos viejo u originario. Lo que dibuja es una senda pedregosa y estrecha, en la que atrás se deja sucio y estropeado y lo que avecina es una tormenta de tierra. Ni el más bochornoso pensamiento se haría responsable del delirio doblegado. Lo erróneo se convierte en vital. Y pienso que lo que nunca fue, podría haber sido.
Y pienso más de lo que vivo.
Como si quisiera la destrucción del tiempo, como si quisiera estrujar la savia de mi cuerpo... para así producir mi deseo mayor anhelado: poder sentir y sentir más y aún sentir y sentir.
Y creo en ello, como si fuese la propia intuición mi avance. Traumático si me olvido de su sombra, tan siquiera de su leve sombra. Aunque a veces me avisa que no queda ya nada por descubrir, que mis posibilidades han llegado hasta su límite, que a partir de aquí sólo y despacio puedo mirar a través de la rejilla de mi corazón para entender con más calma eso de la felicidad...
Si no tubieramos miedo, ¡la de cosas que seríamos capaces de hacer! Si no existiera, menos penas habría...
Las posibilidades remotas, lo siguen siendo pues ¿que capricho no es autosuficiente para no construir sus propios objetivos? que creemos, ¿que las ilusiones lejanas, lejanas están?
Siempre y eternamente contradictorio: la verdad secreta es querida y descartada al mismo tiempo. No quiero reir cuando me lo digais aunque mi risa se intensificará junto a las vuestras. No quiero dejar lo innato y fuerte pero abandono mi propio juego. Y aunque abandone... no bastaría con correr para alcanzar mis propios pies. La sensibilidad ocultada bajo el candado de la dificultad.