y no es que podamos comprender en qué momento no lo son,
podemos sólo saber el momento en el que cualquiera se lo apropió
y más tarde lo soltó como una posible nimiedad.
Podemos sólo saber el momento en el que confiamos plenamente
como para escapar de las garras de ese secreto... y cuanto presos estamos!
Pero aquí presa quedaré, sin desprender demasiado de esa gran parte de mí.
¿Pero quién me dice que lejos no llegaré?
Puedo no acabar de contarte uno tras otro enigmas inquietantes que,
como solución mis brazos quedarán rendidos de vergüenza
y a su vez alerta ante esta nueva oportunidad de olvido y desinhibición.
Y siempre me doy cuenta como uno mismo se desenvuelve hasta construir
de nuevo secretos, que, con esperanza logran sobrevivir como un par de días más...