Cuando logro mirar bien con atención descubro que no hay nadie.
Ya se fueron todos, la fiesta terminó hace algo más de 42 meses. Pero tú sigues presente, tú siempre estás ahí.
Seguramente prefiera decirlo con dolor, aunque como solución parezca absurda para acabar con esto.
Si hace años que había acabado, ¿por qué sigue en pie algo que pensaba que no era más que pasado? Quizá tomé la decisión de olvidarme por un tiempo, de disimularlo mientras todos estuvieran dormidos.
¿Qué ves que no pueda ver yo con mis ojos? Ya he descubierto menos que tú, ya he desaprendido todo sobre este momento que tú conoces.
Los errores son casi incontenibles, son pocas veces clasificables. Y aquí estoy yo. ¿Alguien me puede decir como he muerto?
Los errores son casi inconfundibles. Me refiero a ellos, pero no los conozco. Ellos son los fantasmas, perdones eternos y jamás audibles. Los imborrables perdones. Y las despedidas encerradas en una cárcel de amor insonorizada incapaces así de elaborarse.
¿Y qué vendrá ahora después de mi propia ausencia? ¿Dónde está mi mano que no alcanza al interruptor de la luz? ¿Por qué no soy capaz de hablar con experiencia después de mi vida? Era mi momento pero ¿prefiero el silencio de otros 10 años?.
Entonces, ¿me conformaría con tu presencia?
¿Acaso creo en una posible realidad a través de tus ojos?
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Cuando logro mirar bien con atención descubro que no hay nadie.
No quedó nadie después de la guerra.
Algo me habla de mí. Soy yo, es inconfundible. Te estaba esperando. [Aunque me da miedo referirme a ella porque rápido se va.]
Después vendrá mi costumbre a mirar.
[Mejor no hablar pronto ni rápido.]
Después mi presencia te sustituirá.