martes, 6 de abril de 2010

Desde el vacío, pensamientos sobre una mente inhumana

El aire que inhalo es denso.
Muy denso.
Tan denso que me impide respirar tranquilamente.
Tan denso que me aprieta el cuerpo angustiado.
Muy denso, demasiado denso.
Hace frío. En momentos mucho frío. Demasiado frío.

Agarré tu brazo para no caer, es fuerte y me sujeta. No te conozco, pero quiero convivir con ello. Quizá sepa quién eres, incluso es posible que ya te haya descubierto. No tienes miedo y nunca lo he llegado a entender.
En un estado de confusión permanente, busco de nuevo algo lo suficientemente resistente como para mantenerme y lo suficientemente flexible como para sentirme libre. Durante la búsqueda soy consciente de mi desequilibrio. Divago perdida en mitad de un montón de vida. Tengo miedo y el dolor es profundo. Aprieto los dientes con mucha fuerza, cada vez con más. Me escuecen los ojos. Los cierro. Lloro.
El aire es denso.
Muy denso, demasiado denso.

Ahora estoy tranquila. Me siento tranquila. Me siento vacía.
Me gustaría hacer tanto... que conforme voy escribiendo ya he dejado escapar el tiempo suficiente para olvidarme de todo lo que quise. Tú, mientras, no piensas. Sólo respiramos el mismo aire denso que desborda angustia. Transmitimos y recibimos, somos sensibles. Me debilita esta intensidad máxima, pero quiero seguir. Me he enganchado a la vida. No la puedo dejar. Creo siempre que necesito más. ¿Por qué me ha tocado ser sensible? ¿Por qué me disuelvo con el espacio y me vuelvo inerte? ¿Por qué si me miras me atraviesas a pesar de que no dejaré que leas mis pensamientos?

Y me arrepiento, ¿como soy capaz de haberte tocado? Me he enamorado del desconcierto, no puedes ser humano, es imposible. Si supiera convencerte y te trajese... No puedes ser humano, es imposible. Me importa poco que pasen las horas, ya volverán. Me importa poco definir el amor y bien lo sé.

Quise aislarme en el vacío para asimilar todo lo que me había ocurrido. Me tenía miedo a mí misma. Me aguanté para evitar mayores consecuencias. Y después de todo, me obligué a sentirme viva.

Quiero aislarme en el vacío y te pido que no me recuerdes lo que hice mal...
Quiero romper con todas las barreras prohibidas.
Morir en el intento.

Pero el día menos pensado te habré dejado escapar y sin dejar rastro, sin servirte para nada...habré marchado igual. ¿Cómo puede esto no ser así?
Vuelvo a buscar una seguridad. Y me callo. Caigo rendida ante el desconcierto, te admiro compleja mente andante, no eres humana.

Gracias

Hoy el tiempo pesa, ralentiza los pasos y me mece suavemente hasta posarme en el suelo. Descanso, ajena a ruidos algo cercanos que no me afectan en absoluto. Desconecto del mundo exterior para sentir que dentro de mi cuerpo ya existen energías complejas y microscópicas que dinamizan mi alma... a veces muy lentamente. Y entonces aprendo a amar la sutileza de una mirada, la simpleza de una sonrisa. Dejo de tenerle miedo al miedo y sueño con que alcanzo la máxima satisfacción. Y a pesar de que no creí, acepto lo rechazado... me abrazo a la seguridad de la oscuridad y me dejo llevar.

Poco a poco las frases se fueron descomponiendo.
Escribir las letras más tristes del mundo, las letras más tristes del mundo, más tristes del mundo, del mundo, mundo.

Porque no hay nada perfecto. Porque hay engaño si no confias. Porque desear forma parte de tu propia contradicción. Porque la incertidumbre te dejó imaginar. Porque nunca llegarás a entender las millones de cosas que ahora pasaron por tu cabeza. Porque nunca sabrás el por qué de esta pregunta.

Te quise contar, pero había acabado y sin darme cuenta, dejaste tu presencia en cada palabra.
Agradezco a todas aquellas personas que a lo largo de mi vida me ayudaron a abrir los ojos y mantenerlos cerrados al mismo tiempo...