miércoles, 20 de octubre de 2010

Una visualización

Unos niños juegan a humillar a la Inocencia
un Perro enfadado corre tras su dueño
un coche aparca en medio de la carretera;
en la carretera no hay señales de tráfico,
los peatones no temen ser atropellados.

Para evitar el frío se queman libros.

Se oyen gritos,
duran cada uno más de veinte segundos.
De las casas cuelgan lámparas
para iluminar las noches cerradas.
Estas luces callejeras
competían con las estrellas,
aunque estas, se perdían
por el color rojizo de la noche.
(Las estrellas decidieron dormir un día
y aún nadie las han despertado.)
Al sol le da pereza salir.

No hay adultos, marcharon.
No hay nadie que entienda ni que escuche.
A nadie le importa realmente.
Al igual que las horas y los segundos.

La comida es la tierra,
para no ensuciarla,
la gente camina descalza,
aunque haya ausencia de vida,
colores armónicos
y un riachuelo que divide las hileras de casas.
Sus paredes están limpias,
el suelo está limpio,
la carretera está limpia.

No existe el misterio ni el desconcierto.


Todo está construido con plástico duro,
hasta los niños que jugaban
y el perro que corría.

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