Nadie llega a entender cuanto poder tiene cada una de ellas.
Y luego siempre digo que no hacen falta palabras...
...unas pocas no vienen mal.
Como por ejemplo:
Quédate un poco más
Tú sabrás
¿Y ahora qué?
Cómo cuesta pensar en un mañana que se acerca y que a la vez dejas pasar...
Cómo cuesta volver a la realidad. Y aún así nos resistimos.
¿Cuántos finales podemos considerarlos como principios?
¿Y cuántos como tal?
Sabemos lo que queremos, pero no de lo que dispondremos o de lo que nos deberíamos permitir.
Resuena el deber.
Preferimos quedarnos en estado de espera a que la vida nos de una respuesta, en vez de actuar para que sin desearlo todo vaya tomando forma.
Resuena en mi cabeza muchas melodías de otros mundos ajenos a este.
No me darán respuesta, pero yo prestaré mi ropa a cambio de unos minutos a solas.
Cerremos los ojos.
Seamos capaces de no pensar.
Atrevámonos
Entonces ni si quiera resonará nada pues...la música nos hará caminar.
Ya no estaremos solos nunca más.
No me gustan los finales, ni buenos ni malos.
No quiero que me gusten!
Resuenan recuerdos mezclados
con rozaduras superficiales, cajitas empolvadas,
habitaciones vacías y olvidadas,
nubes bajas dispuestas a empaparnos.
Resuena el eco de este cuarto.
Tenía puesta la música, como siempre, sin saber el volumen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario