Ese gesto intimidante y grosero,
se mezcla con mi deseo perturbante de seguir siendo visible a aquellos ojos mezquinos,
detectando aun así una relación tensa, de ojeras y pulmones repletos de resina de poliester.
Un estornudo le hago apartar
y el misterio aparece,
reciente mi discurso, un bostezo y me cayo.
Cuatro palabras nada más,
¿intercambiamos una mirada?¿intercambiamos una lengua?
Ajacaradas mis penas ahora no sabe nadie ya
y donde se vaya la luna llena bien andará el rey del mar.
Una y no más, que esa fuera la última,
que no te acerques más de mis pestañas,
que no me mires si no hace falta
y me vuelvo a callar.
Y a la corporeidad intimidante desvelo por siempre (c)a(ll)_m_ar.
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarEspero impaciente tu próxima publicación!
ResponderEliminarHostia, me caLLLLLLLLLLLLLLLLLLLo...
ResponderEliminar