A veces me late el corazón demasiado fuerte. Grita demasiado fuerte. Pero no lo puedo entender: habla otro idioma y tiene un acento desconocido. A veces me derrama unas pocas palabras entendibles. Estas cada vez más tóxicas. Hasta que prefiero no oír nada. Hasta que prefiero destruir entonces lo poco bueno que me queda. Pero me estoy equivocando de rumbo. Lo sé. Sé que me he desviado completamente. No es el mío. Ni es el de nadie. ¿Cómo curarnos entonces? ¿Cómo andar con los pies en vez de arrastrarnos con la espalda?
El grito se quedó mudo. El socorro se quedó corto.
...Otra vez más.
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