domingo, 14 de noviembre de 2010

Palabras

Escribo para nadie, escribo para acallar mis pensamientos
escribo para las sombras que cruzan la calle
y para las almas que no la cruzan.
Escribo, que más da el momento
porque es imposible que las palabras se expresen por sí solas
no saben pronunciar si aquellas estrellas me afectaron
no saben construir mi cuerpo de pedazos de sueños
no sabrían abarcar el misterio del silencio
porque es casi imposible encontrarlo.

Pero entonces borraríamos el mínimo sentido
la mínima explicación por la que comunicarse
...corremos desesperadamente al medio más rapido
...a veces nos sigue pareciendo complicado atenerse a ese límite.

Escribo, ¿para ser leida?

escasean las palabras, por más que la mente insiste en encontrarlas
es un esfuerzo que agota y te deja rendido en la cama.

¿Escribes tu también? Somos más quiénes creimos entender
y no entendemos ni el por qué escribimos.
Somos sintetizadores de imagenes en calma,
somos la lluvia que empapa nuestra espalda
y aún así, soñamos con entremezclar la musicalidad de los fonemas
y crear significados únicos de este mundo que inventamos...

...en el que está permitido
todo aquello de lo que no hablamos
pero sabemos que existe...
quizá allí no necesitaríamos escribir.

Allí también puede ser aquí,
y aquí podríamos vivir mucho más cerca de la realidad...
que no son sólo las palabras.

2 comentarios:

  1. Al leerte me recordaste a un fragmento de El libro del desasosiego, de Pessoa:

    "Envidio —pero no sé si envidio— a aquellos de quienes se puede escribir una biografía, o que pueden escribir la propia. En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo, narro indiferentemente mi biografía sin hechos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones y, si nada digo en ellas, es que no tengo nada que decir. ¿Qué tiene alguien que confesar que valga o que sirva? Lo que nos ha sucedido, o le ha sucedido a otros no es mundo o sólo a nosotros; en un caso, no -es novedad, y en el otro no es cosa que sea comprendida. Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir. Lo que confieso no tiene importancia, pues nada tiene importancia. Hago paisajes con lo que siento. Hago fiestas de las sensaciones. Comprendo bien a las bordadoras gracias a la amargura, y a las que hacen punto de media porque hay vida. Mi tía vieja hacía solitarios durante lo infinito de la velada. Estas confesiones de sentir son solitarios míos. No los interpreto, como quien usase cartas para saber el destino. No los ausculto, porque en los solitarios las cartas no tienen propiamente valor. Me desenrollo como una madeja multicolor, o hago conmigo figuras de cordel, como las que se tejen entre los dedos estirados y se pasan de unos niños a otros. Sólo me preocupo de que el pulgar no estropee el lazo que le corresponde. Después, vuelvo)la mano y la imagen resulta diferente. Y vuelvo a empezar."

    :)

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  2. Oh, bravo, me ha encantado tu comentario. Es genial el texto de Pessoa: como utiliza la palabra confesión y el valor que le da... así como lo que escribe, la manera, a partir de y el porqué.

    Un saludo!

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