Ahora no sé nada.
No sé lo adecuado, ni lo que no.
No sé afrontar lo que viene y aprecio las cosas con retardo.
No sé porque no sé lo que sabía... Creo que lo que sabía era falso.
Lo peor, por no saber no sé ni quién soy. Quizá nunca lo supe, pero ahora estoy obsesionada con esta duda constante. Saber o no saber. Ese ser caprichoso que acapara todos nuestros pensamientos malgastando energía... nos ciega, dificultando el camino hacia la libertad.
Y es que ni siquiera la pregunta más simple soy capaz de responder. No tenía prisa, pero soy consciente de que pasa el tiempo.
Todas las piezas de una torre que creían encajar son dificiles de mantener... ¿y si existieran piezas invisibles con las que poder volver a estructurarla? ¿Invisibles para dejar pasar todo lo externo con permiso de la luz? ¿Invisibles para despreocuparnos de su mantenimiento, de su existencia, de sus limites? Pero...¿y si ni siquiera hiciese falta montar nada? ¿Por qué damos por sentado algo en lo que ni siquiera estamos seguros? ¿Hace falta responder a estas preguntas? ¿Verdad que no?
Confusión. ¿Responder significa saber? ¿atreverse? Volvemos a confundirnos. Supongo que será inevitable. ¿Inevitable? ¿Seguro que es inevitable? ¿Supongo? ¿No estoy segura? ¿Por qué?
Luego quizá vendrían las dudas sobre la verdad...porque sin ninguna afirmación tampoco podríamos asegurarnos su existencia...
Y así sucesivamente.
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