miércoles, 3 de diciembre de 2014

Nada ha cambiado II

Si es así,
podría quedarme una eternidad,
sólo si es así.

No quiero ser cuando estoy siendo
/prefiero/ parar en tu reflejo,
en un cristal sucio y un recuerdo.

Las noches son largas nos decíamos
por eso nos quedábamos hasta las tantas
arrastrados por luces incandescentes,
sombras de vino que nos bebían.

Si nada ha cambiado,

si es así,

aquí podría estar tal vez despierta
con los ojos ardientes - llenos de guerra
y que no cuenten los pasos
si siempre habrá un regreso

o - porque no - un dibujo de una circunferencia.


Vi olvidado el será,
ese es nuestro destino.
Parecía inalcanzable la eternidad.

Vi olvidada esas primeras veces
primeras no hubo más
son ya historias vencidas -
perturbados pero vivos
nada ha cambiado,
seguimos sobre nosotros mismos.



Aquí me quedo - voy y vengo -
en este sueño
de paz y violencia.







lunes, 1 de diciembre de 2014

Nada ha cambiado

Nada ha cambiado en este punto de encuentro.

Es mirar atrás casi la aspiración mayor.

Querer cerrar los ojos y... te levantan las piernas.

En un estado de aceptar el incendio.

Que no hay otra que tocarlo bebiendo

un veneno que te duerme muy lento.

Entrar, entrando escupiendo

Un abrazo de terror que avanza

como una obsesión que vuelve al comienzo

ya que nada ha cambiado en este punto de encuentro.


Besar la mejilla de un animal mutante

Sublime acto para que después

solo quiera un bocado de tu carne.

Hablar de la vida que tantas veces despediste

Pero no como una derrota,

sino como la mayor victoria

por haber vuelto ¿sabías?

Nunca existió el tiempo.


Se comieron tus palabras el viento.

Un placer coincidir en este vehículo

de vuelta al punto de encuentro.

Sacar de un bolsillo esas cosas que dan miedo.

Y volver a preguntar por nosotros mismos.

Hasta que lo conocido invada tus sueños.


Las creencias hablan de este invento

del dolor de un posible cambio inadvertido.

De nuestro sabio que rompe la barrera y

de pronto ama todo lo que está haciendo.


Vivir la experiencia que de nuestras manos escapa.

Y encontrar la calma lento o rápido estés yendo.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Hay silencios

Hay silencios estremecedoramente largos.
Supongo que ya llegará el tiempo de hablar.

Hay silencios tan tan largos que cómo es de fácil olvidar escuchar
una voz de hielo hielo hielo hielo hielo hielo hielo hielo hielo.

Hay silencios necesarios para dejarnos arrastrar
por canciones infinitas y a la suerte.

Hay silencios que con los ojos vendados
ignoran lo que será -

solo quieren despertarte -

Hay silencios que sirven
sólo para ser rotos.

Hay silencios llenos de palabras de una sopa de letras.

Hay silencios que necesitan ser escuchados.

Hay silencios como única escapatoria
o saltar una verja que separa la calle de tu puerta.

Los hay que te abrazan con sus manos gigantes
- sombras despeinadas violentamentamente. -

Interrumpidos de forma errónea.

O urgentes.




lunes, 7 de julio de 2014

нет

No, esta tristeza no.

Así se lo dije de directo y radical.
Se me caían cosas sobre mi estómago
de forma constante. Y podía ser muy lentamente que daba igual.

No podía ver otra cosa más que sombras y más sombras.

Y en la sombra...
                         
                                  ... tú.


Como que en realidad no existes.
Así que dije no.

Dije no a ese estado de sueño de creer que novolveríanacaercosassobremiestómago.

Aparté con la mirada todo aquello que pudiese sentirse áspero.
Un tú. Un nado sobre un tú de nada.

Y conseguí un no para todo aquello que no me interesaba.


domingo, 6 de julio de 2014

Laisser

No dejes de.


Como la muerte
y dejarse en ella.


Y te repiten que no dejes de.


Lo único que quizá 
debería dejarse
es la muerte
en medio de
una llanura desértica.

No dejes de, 
pero al final, 

no habrá nada que dejar.

domingo, 20 de abril de 2014

Cariño venenoso

¿Cómo dejar de vivirlo
si viene
y otra vez me abraza?

Me hace dudar dejar
este cariño venenoso,
que es seguro y fiable.

No veo otra calma,
no hay otros brazos
que me indiquen saltar
o ponerme a guardia.

No logran prensarse
atrás de mi espalda,
puños de roca,
dientes afilados,
sueños dormidos,
oscuros naufragios.

Un sin sentido
sentido así,
me pierdo lo de allá,
sintiendo de más
sin vivir.

Justo cuando dejé de escuchar.
Atiendo a una voz que se aleja
hacia donde nadie va.

¿
Y echarle la culpa al tiempo
que vuelve a cambiar?

Hay quien dice que se trata
 del precio de la sensibilidad.




domingo, 13 de abril de 2014

Distracciones

Me dicen que salga y yo lo que quiero es entrar.
A medio camino miro hacia los lados.
Noto la incertidumbre con la que disuelvo mis ideas.
Sustituyo mi propio eco en segundos pulmones por un suspiro liberador.
Y vuelvo a tirar de mi propio brazo hacia -algún lugar.

A medio camino me distraigo con sonidos que se identifican según mis pasos.

Luego empiezo a entender. Era necesario un sutil cambio de afinación para lograr la sincronía del mí aquí.
Para esconder las manos manchadas.

Para esconder las manos manchadas
habría que perder la identidad
bailar en miradas que respiran
como cualquier otra que grita

                                             ¡vida!


Y a medio camino no existía otra opción que el silencio secreto.
(Lo que todo el mundo entiende pero no sabe explicar.)
(Lo que no muchos consideran trascendental)

Quería entrar, por en el camino mi sombra me delata.
No sólo por segundos me hago distracción.
Más que ocultar es dejarlo a un lado.
Guardarlo para que otra vez en el camino de entrada
me sea más fácil estar-
aligerar el peso existencial.



martes, 21 de enero de 2014

La vida pasa. Y lo sé porque la vigilo desde mi ventana. Mi ventana es una ventana bastante normal y moderna. Los dueños del piso la habrán cambiado hace poco. Aísla muy bien aunque deja pasar el sol todos los días, incluso cuando está nublado.

La calle que veo desde aquí es una avenida bastante grande: tiene siete carriles y pasan incesantemente coches, autobuses, furgonetas. Pero aquí dentro muchas veces no me entero de nada. Dos carriles son la salida de un túnel subterráneo. Hasta por el día las luces de la salida están encendidas. Por la noche está esto muy tranquilo, es raro ver más de dos coches seguidos. Y más raro aún ver un alma por aquí. Hay un paso de peatones en el que muchas personas paran y los coches se agolpan. Suele haber más gente al medio día: niños con sus mochilas, adolescentes que salen del instituto, trabajadores bien trajeados, ancianos que viven en la zona...  Pienso yo que ya tendría que conocer a los transeúntes de esta calle, pero no es así. Será que no me fijo todo lo que podría fijarme. Aunque esa posibilidad me ha sonado a muy de psicópata. De todos modos es raro que mire alguien hacía aquí (y justo acabo de sospechar de una conductora...). Algunos pasean más lentos, otros corren. Hay quién va en compañía y hay quién prefiere sentirse solo. Hay otros más arriesgados que cruzan aún cuando los coches se encuentran en medio del paso. Me hace mucha gracia ver a los vehículos pararse con el semáforo en rojo y que no haya nadie a quién ceder el paso. Sí. Sé que hay que respetar las señales de tráfico, pero visto desde aquí parece un sin sentido. La gente va bastante abrigada, eso quiere decir que hoy hace frío, pero me arriesgaría a decir que no es el día que más lo hace. Acabo de darme cuenta que mi mano derecha se ha congelado.

En la acera de enfrente una mujer acaba de entrar en el portal número 19 con una bolsa llena de naranjas, parece que las ha comprado en la frutería de la zona. En el número 19 vive un señor mayor que cuando no está viendo la tele está al lado de la ventana, mirando hacia afuera, como yo, o haciendo algo en su mesa. Por la noche se aprecia mucho mejor, me imagino que ese señor también me habrá visto en algún momento. A veces recibe visitas, está mucho en esa habitación.

Ahora acaba de entrar una chica con un gorro en el número 21, también al otro lado de la avenida y la puerta se ha cerrado tras de sí lentamente. Al igual, llevaba una bolsa con alguna fruta o verdura, no lo he podido apreciar porque la bolsa era amarilla y bastante opaca.

Ahora veo a mi compañero de piso, por fin alguien que conozco. Seguramente venga hacia aquí. Los árboles de enfrente son caducos; y ya que estamos en invierno se puede apreciar todo su esqueleto. Son tres; uno pequeño y los otros más altos. He acertado, ha llegado.

Ahora el sol me da en la cara. Desde aquí también veo mucho cielo y las palomas posarse en el tejado. Puedo saber si hoy está nublado, despejado, gris o cuántos aviones vuelan. Por suerte el edificio de enfrente sólo tiene tres plantas y el día no se hace tan corto.

Ahora tres ancianos conversan de algo, parecen concentrados. Y mientras yo me he desconcentrado les he perdido de vista.

Ahora ha pasado un autobús urbano sin número. Una hija corre a darle un abrazo a su madre.

Y ahora un ciclista.

Y ahora las nubes han invadido el cielo.

Y la vida continúa, aunque no haya aparentemente mucho de especial o emocionante.
Lo más curioso es que ni me ha dado tiempo a plasmar todo lo que ha estado ocurriendo mientras escribía.
Pensaba que ya no tenía nada que decir y fíjate cuánto se puede contar.